Andrés Cerinza

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Han pasado veinte años desde que el destino y las ruedas del tiempo hicieron equipo para otorgarme el milagro de la vida. Soy un ser timorato y poco osado que se ha estado encaminando en la búsqueda de aquello que pueda brindar la suficiente felicidad para hacer más agraciada mi existencia.

¿Quién dice que hacer uso de las cuerdas vocales es la única forma de poder expresar lo que sentimos o pensamos?

No necesité de voces para encontrar mi felicidad. Solo basta unas cuantas palabras para que la gente esté al tanto de los pensamientos de la persona que les escribe ahora, esa persona a la que no entendieron, esa persona cuya sociedad lo obligó a alejarse del mundo, a permanecer en un rincón; rincón del cual extrae sus más profundos y polémicos pensamientos, para darse a conocer a través de las palabras.